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¡Menudo fin de semana he pasado! Lo llevabamos planeando desde hace unos meses: una ruta de fin de semana con canoas en el río Simojoki, casi en Laponia finlandesa. El año pasado me perdí el fin de semana descendiendo el río Ivalo y esta vez no quería perdérmelo.

Principios de junio es una época perfecta. Los ríos corren caudalosos aprovechando aun el agua del deshielo y hace más rápido el descenso.

Elegimos el río Simo (Simojoki), famoso por sus salmones,  por contar con una serie de rápidos más o menos divertidos, y recorrimos unos 30 km de los 50-60 que teníamos planeados.  Por la mañana temprano nos fuimos desde Rovaniemi a Kemi, alquilamos las canoas y remontamos el río en coche.

Empaquetamos todo en las bolsas y bidones estancos y nos pusimos en marcha.  Comenzamos el descenceso atravesando una primera zona de rápidos. Atravesar los rápidos es, con mi poca experiencia en canoas, emocionante e incierto… En algunas ocasiones no eliges la trazada correcta y la canoa choca con alguna piedra, descolocando la canoa y dejándola al amparo de la corriente. En la tercera zona de rápidos nuestra canoa hizo un 360º que pasaron lentos, entre espuma y piedras, mientras pensaba qué poco dura la ropa seca en una canoa. Afortunadamente no volcamos y pudimos seguir la ruta con el pulso algo más acelerado que de costumbre.

Paramos a comer al cabo de 2,5h y con 18km ya recorridos. Hacía un día frío de verano, de unos 5-7ºC, con lluvia y granizo por momentos. Con esto la comida supo a gloria: salchichas finlandesas, bacon, queso y pan de centeno a la parrilla.

Continuamos el camino río abajo hasta llegar a una isla que partía el río en dos. En ese punto los rápidos se complicaban y paramos a esperar a la última canoa de las 3 que íbamos. Por alguna razón no les vimos coger la ruta a la izquierda de la isla y esperamos una hora sin saber porqué no venían. Cuando pudimos llamarles y hablar con ellos, sólo tuvieron tiempo de decirnos que se habían caído y su teléfono se apagó… ahogado de agua en sus circuitos. Optamos por seguir la corriente en las canoas y les encontramos empamados, esperando nuestra llegada en una orilla rodeados de mosquitos.

Tras una pequeña deliberación pensamos que es mejor que sigan empapados, pues nos esperan más rápidos que a buen seguro les empaparán de nuevo… Y les empaparon. Con la segunda caída al agua decidimos abortar la misión. Hemos tenido suerte y a apenas 100m de donde se han caído por segunda vez hay una casa y un camino hasta la carretera. Subimos las canoas por el bosque y llamamos a las chicas, que se nos habían ido de compras a Suecia. Vestimos a nuestros amigos con ropa seca y en un par de horas llegan las chicas. La  noche la pasamos en una cabaña a orillas del Báltico. Disfrutamos de una buena sauna caliente, una barcaboa y muchas risas. Un fin de semana que habrá que repetir… pero el próximo tendremos que acabar la ruta en entera.

Nota: si no tienes mucha experiencia en canoas, es más que recomendable hacer estas excursiones contratadas con un guía profesional.